La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es una patología frecuente en gatos de edad avanzada, aunque puede darse en animales más jóvenes como consecuencia de una enfermedad congénita (p. ej., displasia renal) o adquirida (p. ej., secuela de una lesión renal aguda). La ERC es una enfermedad progresiva, por lo que el papel del veterinario es clave para la detección precoz y en segundo lugar, realizando los cambios apropiados en la dieta (junto con la fluidoterapia y el tratamiento médico) para mejorar la calidad y la esperanza de vida de los gatos.

 

El manejo nutricional persigue 4 objetivos: proporcionar la energía suficiente que permita mantener una buena condición corporal, mejorar la uremia, minimizar el desequilibrio hídrico, de electrolitos y el ácido-base, así como ralentizar la progresión de la enfermedad. Estos objetivos son más o menos críticos y difíciles de alcanzar, en función del estadio de la ERC, y se pueden conseguir con una dieta adecuada y tratamiento adyuvante con quelantes de fosfato si fuera necesario. La modificación dietética es clave también para mitigar sus consecuencias metabólicas.

 

La dieta renal debe proporcionarse en los primeros estadios de la enfermedad para conseguir el máximo de los beneficios y la buena aceptación de ésta por parte del gato. La nutrición enteral asistida ayuda a proporcionar la dieta adecuada y a mantener la condición corporal en pacientes con trastornos de apetito.

 

Históricamente se ha relacionado el aporte de niveles de proteína altos en la dieta, con una progresión más rápida de la enfermedad renal, inducida experimentalmente, en ratas y en gatos. En estudios posteriores se investigó el papel de la restricción proteica frente al de la restricción calórica en gatos, demostrando que la restricción calórica es la responsable del efecto protector en la morfología renal y proteinuria. Por lo tanto, la restricción proteica no es útil para retrasar la progresión de la enfermedad renal túbulo-intersticial en el gato, aunque sí podría ser útil para limitar la proteinuria en casos graves de glomerulopatía tal y como se ha demostrado en el perro; pero la proteinuria es rara en el gato.

 

Actualmente se ha demostrado que la restricción de fósforo en la dieta es clave para enlentecer la progresión de la enfermedad renal, mediante la reducción de la hormona paratiroidea plasmática (PTH), y para prevenir lesiones renales. La restricción de fósforo en la dieta, se debe realizar en los primeros estadios de la enfermedad, ya que es frecuente que la PTH esté elevada.

 

En un reciente estudio se demostró que, al igual que ocurre en personas, el estrés oxidativo está presente en gatos con ERC. Se cree que el daño oxidativo desempeña un papel importante en la progresión de la enfermedad renal favoreciendo la glomeruloesclerosis y la fibrosis intersticial. Los radicales libres pueden generarse por la hiperfiltración glomerular y por el hipermetabolismo tubular como consecuencia de la pérdida de nefronas funcionales, de ahí que las dietas renales se suplementen con antioxidantes.

 

Como se mencionó, el papel de la proteína en la dieta respecto a la progresión de la enfermedad renal es un tema controvertido y se ha establecido que limitar la ingesta de proteínas mejora algunos de los signos clínicos relacionados con la uremia. Cuando el aporte de proteínas supera en gran parte las necesidades mínimas, se genera una mayor cantidad de productos de desecho de nitrógeno, que se acumulan en los fluidos corporales cuando la capacidad de excreción renal se ve disminuida.

 

Existen miles de toxinas urémicas diferentes, pero se considera que la medición de la concentración de nitrógeno ureico en sangre (BUN), una forma inocua de la excreción de nitrógeno, ofrece una buena estimación de los niveles de estas toxinas. El BUN y el cociente BUN/creatinina aumentan a medida que aumenta la concentración de proteínas en la dieta (entre otras causas), de forma que una ingesta elevada de proteínas, en gatos con ERC, se correlaciona con una mayor morbilidad y frecuencia de crisis urémicas. Lo más importante es saber cuánto se debe restringir la proteína; los gatos con ERC en los primeros estadios tienden a tolerar cantidades más elevadas de proteínas que los gatos con ERC más avanzada.

 

Por último, la pérdida de peso en gatos con ERC se debe a la insuficiente ingesta de calorías, debido a factores como náuseas por la acumulación de productos de desecho nitrogenados, anemia, deshidratación, trastornos electrolíticos y del equilibrio ácido-base, úlceras de la mucosa oral y gastrointestinal (en etapas avanzadas de la enfermedad), posible alteración del sentido del olfato y menor palatabilidad de las dietas bajas en proteínas y fósforo.

 

El objetivo será proporcionar las calorías suficientes para que el gato alcance y mantenga una condición corporal óptima. Aunque las fórmulas para calcular el aporte calórico diario necesario, son útiles como punto de partida inicial, esta asignación calórica debe revisarse con regularidad en función de los cambios de la condición corporal y del peso, ya que las necesidades energéticas pueden variar de un gato a otro. En el caso de los gatos hospitalizados el objetivo es cubrir las necesidades energéticas de reposo (NER = 70 kcal x peso vivo (kg) 0,75), realizando los posteriores reajustes necesarios.

 

Para cerrar, es improtante recordar que la nutrición adecuada resulta clave en el manejo de la ERC felina, pues permite retrasar la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Las modificaciones nutricionales deben realizarse en los primeros estadios de la enfermedad, e ir ajustándose a las necesidades de cada paciente, teniendo en cuenta la evolución de la condición corporal y los resultados laboratoriales.

Fuente: Royal Canin (2013). Veterinary Focus: “Patologías renales”. Edición 23.3.