Trabajar como Médico Veterinario, como sucede con los prestadores de servicios de salud, conlleva el riesgo de desarrollar un trastorno denominado “fatiga de compasión”, un problema de salud complejo y devastador que tiene que ver con el desgaste físico y emocional exacerbado provocado por una gran carga de trabajo en combinación con una baja habilidad de comunicación en la persona. La comunicación efectiva, en este sentido, representa un papel fundamental no sólo para el Médico Veterinario, sino también para las personas con las que tiene contacto.

Se piensa que porque nos comunicamos todo el día, sabemos hacerlo, y obviamos la necesidad de capacitarnos para lograrlo adecuadamente. Esto provoca que vayamos acumulando vicios que terminarán por convertirse en problemas.

La comunicación es una habilidad clínica esencial y hay un considerable conocimiento científico que lo respalda. La investigación para la gestión de la medicina veterinaria se ha enfocado los últimos años en comprender más sobre comunicación, especialmente en la relación que existe entre el intercambio de información y el cumplimiento de las necesidades del cliente, así como la satisfacción en el consumo y el adecuado desempeño del Médico Veterinario, resultando en una menor probabilidad de reclamaciones y un mejor resultado de los tratamientos de los pacientes.

El conocimiento técnico, la habilidad de comunicación, la percepción de uno mismo y la habilidad para realizar una exploración física y resolver los problemas médicos son competencias íntimamente relacionadas – no se puede tener una sin la otra. La comunicación efectiva es una habilidad esencial presente en todas las interacciones; desde las revisiones rutinarias de salud hasta las consultas más problemáticas, como la toma de decisiones al final del ciclo de la vida del paciente y la eutanasia. No hay habilidades de comunicación nuevas para cada problema, sino que hay que adaptar nuestras habilidades en función de la urgencia, tipo de episodio y contexto para orientar así nuestro trabajo hacia los resultados que queremos, incluyendo la perspectiva del cliente. La habilidad en comunicación no es un extra opcional – si la comunicación no es apropiada, todo nuestro conocimiento y nuestro esfuerzo intelectual pueden desperdiciarse.

La verdad es que la comunicación NO es un rasgo de la personalidad. Se puede enseñar y se puede aprender, al igual que cualquier otra habilidad clínica. En la práctica veterinaria es una habilidad profesional y, por tanto, es necesario desarrollarla a ese nivel. La personalidad puede suponer una ventaja en un principio, pero todos podemos aprender desde nuestro punto de partida individual. La comunicación no debe tratarse como una fórmula que se repetirá una y otra vez, sino como un espacio que tendrá que adaptarse según las circunstancias, siempre abiertos a recibir retroalimentación y comentarios, y dispuestos a corregir.

En la comunicación dentro de la clínica, lo más importante será descubrir lo que se necesita saber en beneficio del paciente; en la que tiene que ver con las relación entre colaboradores, clientes u otras personas, saber formular lo que se requiere y darse espacio para escuchar al otro son claves para un intercambio fluido y un entendimiento eficaz.

Resulta esencial asegurarnos de que todos los miembros del equipo en la Clínica Veterinaria reciban la formación en comunicación adecuada y cuenten con la orientación necesaria cuando estén trabajando. Inclúyelo en un plan de capacitación, y fomenta que el aprendizaje sea conjunto para que la reflexión lleve a la educación y el fortalecimiento de la práctica.

Veterinary Focos (2020).La habilidad de la comunicación en la clínica veterinaria, de Cindy Adams y Antje Blaettner. Texto como referencia.