Por: Iwan A. Burgener

La pancreatitis canina es una enfermedad frecuente, pero su fisiopatología no está clara y, en la mayoría de los casos, la etiología se desconoce. El diagnóstico de pancreatitis sigue siendo un reto para el Médico Veterinario por diversos motivos; aunque la histopatología se considera la prueba diagnóstica de referencia, en la práctica, se utiliza muy poco.

La síntesis y el almacenamiento de enzimas digestivas en el páncreas conlleva el riesgo de autodigestión, lo que puede dar lugar a la inflamación del páncreas, es decir, a la pancreatitis. Estrictamente hablando, el término “pancreatitis” hace referencia a la inflamación (infiltración de células inflamatorias) del páncreas exocrino, pero este término generalmente también engloba a las enfermedades del páncreas exocrino, que principalmente se caracterizan por la necrosis (pancreatitis necrotizante) o por los cambios estructurales irreversibles, como la fibrosis (pancreatitis crónica), a pesar de que el componente inflamatorio a veces sea mínimo.

El páncreas exocrino dispone de diversos mecanismos que evitan la autodigestión (p. ej., los precursores enzimáticos, el almacenamiento de enzimas en gránulos separados de los lisosomas, el pH alto y localizado, la buena irrigación, etc.). Para que se desarrolle una pancreatitis todos estos mecanismos de protección deben fallar a la vez. Esta enfermedad consta de dos fases. En una primera fase, se produce la liberación de tripsina (activada por el tripsinógeno) que, a su vez, activa a otras enzimas digestivas y localmente se producen alteraciones, incluyendo la presencia de edema, hemorragia, infiltrados de células inflamatorias y necrosis de las células acinares y de la grasa peripancreática. En una segunda fase, el proceso inflamatorio avanza y se produce el reclutamiento de células inflamatorias y la liberación de citoquinas, lo que puede provocar alteraciones en órganos sistémicos y finalmente conducir a la muerte.

La pancreatitis se clasifica en aguda (PA) o crónica (PC), dependiendo de si las alteraciones histopatológicas son permanentes (PC) o no (PA). Histopatológicamente, la PA consiste en una inflamación neutrofílica asociada a edema intersticial y necrosis de la grasa mesentérica. En la PC la fibrosis predomina sobre la inflamación y se observa una degeneración quística del tejido que, gradualmente, va avanzando a medida que aumenta la fibrosis.

El diagnóstico ante mortem de pancreatitis sigue siendo un reto para el Médico Veterinario. Esto se debe a diversos motivos, entre los que se incluye la etiología indeterminada, los signos clínicos, que con frecuencia son leves e inespecíficos, la poca sensibilidad y especificidad de la mayoría de los hallazgos clinicopatológicos y de los resultados de las pruebas de imagen, la frecuente concomitancia de otros trastornos y la dificultad en la obtención e interpretación de las muestras de biopsia. La histopatología se sigue considerando la prueba diagnóstica de referencia, aunque se utiliza en raras ocasiones. La manifestación clínica de la pancreatitis puede variar en gran medida y comprender desde una presentación subclínica hasta un fallo multiorgánico. El cuadro clínico se suele corresponder con el de un abdomen agudo y lo más frecuente es observar anorexia, vómitos, dolor abdominal y deshidratación, con o sin diarrea. Si la pancreatitis es grave pueden presentarse complicaciones sistémicas (p. ej., coagulación intravascular diseminada (CID), tromboembolia pulmonar, shock cardiovascular y fallo multiorgánico). La PC (con signos clínicos todavía más inespecíficos que los de la forma aguda) es menos frecuente en perros que en gatos.

Las radiografías abdominales pueden revelar la pérdida del detalle de la serosa en el abdomen craneal y/o la presencia de un efecto masa. Sin embargo, la radiografía es una prueba que carece de sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de pancreatitis y está principalmente recomendada para descartar la presencia de enfermedades concomitantes, como la obstrucción intestinal y los cuerpos extraños. La ecografía abdominal se considera el método de elección para el diagnóstico de pancreatitis y también es útil para diagnosticar o descartar otras enfermedades cuyos signos clínicos puedan ser similares. Los estudios en los que se ha evaluado sistemáticamente la utilidad de la ecografía abdominal en el diagnóstico de la pancreatitis canina, son limitados e indican, como mucho, una sensibilidad del 69%. Además, dichos estudios se publicaron hace más de una década. Desde entonces, se han producido importantes avances, tanto en la calidad de los equipos como en la formación de los ecografistas. 

Es muy importante resaltar que la utilidad de la ecografía abdominal para el diagnóstico de pancreatitis depende en gran medida de la experiencia del ecografista y del equipo empleado. Los hallazgos ecográficos, como la presencia de un páncreas hipoecogénico, el mesenterio hiperecogénico y la efusión abdominal, son relativamente específicos de la pancreatitis, aunque otras lesiones pancreáticas (p. ej., neoplasias, nódulos hiperplásicos) pueden mostrar una imagen similar. Es importante tener en cuenta que algunos de los cambios detectados en la evaluación ecográfica del abdomen pueden estar relacionados con la edad, como la dilatación del conducto pancreático – que anteriormente se pensaba que era un hallazgo específico de la pancreatitis.

La tomografía computarizada (TC) es una herramienta extremadamente valiosa en medicina humana para la evaluación de los pacientes con sospecha de pancreatitis. Hasta la fecha, hay pocos estudios que evalúen la utilidad de la TC como prueba diagnóstica de la pancreatitis canina, pero en una publicación reciente se ha indicado que la angiografía por TC es superior a la ecografía en cuanto a la identificación de perros con PA grave y trombosis de la vena porta. En medicina humana, la resonancia magnética (RM) y la colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM) se están convirtiendo en las pruebas de imagen de elección para evaluar el tracto biliar y el tracto pancreático, pero hasta la fecha, la experiencia con estas técnicas en perros solo es limitada.

Las pruebas de hematología y de bioquímica no son específicas para la pancreatitis y aparentemente no existen diferencias significativas entre el paciente con PA y el paciente con PC. Los hallazgos más frecuentes en la bioquímica sérica son la elevación de la fosfatasa alcalina y de la alanina aminotransferasa, la presencia de azotemia (principalmente prerrenal), ictericia (principalmente posthepática) e hipercolesterolemia; normalmente el 50-70% de estos parámetros se encuentran fuera del intervalo de referencia. La actividad sérica de la lipasa y la amilasa no son específicas del páncreas ni particularmente sensibles para la pancreatitis, pero se pueden utilizar para el diagnóstico en caso de emergencia, siempre que el cuadro clínico sea compatible. Por último, la elevación de la concentración de la inmunorreactividad similar a la tripsina (TLI) es bastante específica de la pancreatitis, pero solo tiene una sensibilidad del 30-50%.

Como actualmente no existe un método de referencia para el diagnóstico ante mortem de la pancreatitis canina, el mejor enfoque para realizar un diagnóstico no invasivo de pancreatitis se basa en la combinación de una historia clínica completa, la exploración física, la medición de la inmunorreactividad de la lipasa pancreática y la evaluación ecográfica del páncreas. Lo ideal es confirmar el diagnóstico mediante la citología pancreática y/o la histopatología pancreática (ecoguiada, por laparoscopia o por laparotomía), pero esto solo se realiza en raras ocasiones. La ecografía abdominal es una prueba útil, pero es necesaria cierta experiencia y los hallazgos normales no permiten descartar una pancreatitis.

 

Fuente: Veterinary Focos (2020).TRASTORNOS RELACIONADOS CON LA ALIMENTACIÓN Y LA RAZA EN EL PERRO, de Iwan A. Burgener.