Por: Pere Mercader

Es fundamental tener claro que, durante una crisis, las dificultades requerirán de soluciones únicas. Para sobrellevar las consecuencias económicas que conlleva la contingencia de la pandemia por COVID-19 y sus medidas restrictivas, será necesario que las Clínicas Veterinarias analicen concienzudamente cómo se pueden minimizar los costes y mantener los ingresos.

Cuando nos enfrentamos a una crisis, como la causada por el brote de COVID-19, necesitamos primero lidiar con la incertidumbre. Las medidas tomadas por los gobiernos para tratar de frenar los problemas de atención a la salud pública, sin duda han permitido que el impacto en la salud de la población sea menor, teniendo que sacrificar la estabilidad económica y la actividad comercial cotidiana, lo que probablemente significará una caída de ingresos para las Clínicas Veterinarias a corto y mediano plazo, afectando así la supervivencia del negocio. 

Lamentablemente, teniendo en cuenta el estrecho margen de tiempo con el que la emergencia se ha presentado, resulta imposible adaptar los gastos en exactamente la misma proporción que los ingresos, debido a los costes fijos tan elevados, pero puede implementarse una estrategia de reacción a partir de acciones prioritarias según periodo de tiempo: 

 

Cronograma Objetivo principal Acciones prioritarias
1 mes Detener el gasto

Garantizar liquidez

Posponer los gastos todo lo posible. Congelar todas las inversiones.

Limitar el nivel de existencias.

Inscribirse en todos los programas públicos que concedan líneas de crédito y ayudas financieras al pequeño negocio.

2-3 meses Adaptarse a un nuevo escenario

Minimizar las pérdidas financieras

Negociar con el equipo de trabajo y adaptar el tamaño de la plantilla laboral a la nueva situación.

Poner en marcha iniciativas que generen ingresos (p. ej., la telemedicina).

4 + meses Preparar la fase de recuperación posterior a la crisis Elaborar un plan de negocio con 2-3 escenarios de recuperación (con diferente ritmo para la misma) y el correspondiente tamaño de la plantilla laboral que se necesitará. Adaptar la oferta de servicios a la nueva situación (telemedicina, entrega a domicilio, tienda en línea, etc.).

 

La mayoría de los egresos de cualquier Clínica Veterinaria son fijos, como los relacionados con las instalaciones, el equipamiento y, principalmente, el personal. El adjetivo “fijo” no significa que no se pueda cambiar, sino que no se puede adaptar rápida o fácilmente. Por ejemplo, a corto plazo, casi no podemos hacer nada con el gasto que implican las instalaciones. En cuanto al equipamiento, por supuesto que podemos aplazar una inversión no esencial, como la compra de un nuevo equipo, pero no se puede hacer mucho más, puesto que el personal de la clínica necesita disponer de todo lo necesario para seguir ofreciendo el mismo nivel de servicio durante el periodo de contingencia.

 

Para gestionar eficazmente los gastos fijos durante una crisis, el objetivo debe centrarse en el personal, porque es el que, hasta cierto punto, se puede ajustar más fácilmente. Básicamente, deberíamos intentar reducir los egresos salariales aproximadamente en la misma proporción que la pérdida de ingresos o, para ser más concretos, la pérdida de ingresos por servicios veterinarios, poniendo mayor énfasis en venta de producto a través de diferentes mecanismos. No hay que pensar que es inmediatamente necesario recortar salarios, ya sea despidiendo a empleados o finalizando el periodo de pruebas de nuevos miembros del equipo, especialmente, cuando el proceso de selección fue complicado. La clave es pensar en el periodo posterior a la crisis: el negocio volverá a funcionar y la reactivación puede ser muy rápida, por lo que la Clínica Veterinaria necesitará contar con el personal adecuado para manejar la recuperación.

Es incuestionable que la crisis por COVID-19 está causando un grave impacto económico y emocional en las Clínicas Veterinarias; salvo muy pocas excepciones, las clínicas pueden esperar una disminución de ingresos comprendida entre el 15% y el 50% de sus ingresos normales, al menos en las semanas más complicadas de la pandemia. Con este escenario tan alarmante, es comprensible, que el primer impulso sea buscar formas rápidas para reducir los gastos fijos (que inevitablemente serán los salarios) y aplazar el pago a proveedores. Sin embargo, al igual que haríamos en urgencias, una vez estabilizado el paciente (es decir, la clínica) en la unidad de cuidados intensivos (mediante el ajuste salarial y la gestión de efectivo), necesitamos identificar las formas de mejorar su bienestar general para facilitar la recuperación. 

Aquí es donde entra en juego la gestión de ingresos: la clínica necesita determinar cómo minimizar la reducción prevista en la actividad del cliente, sin perder su confianza y lealtad. Este es un buen momento para utilizar aquellas herramientas de comunicación que por años hemos desarrollado, como bases de datos y redes sociales, para mantenernos en contacto con las personas ofreciéndoles servicios de manera oportuna y generosa: llamadas de seguimiento médico (o incluso implementar mecanismos de teleconsulta), llamadas de atención y relaciones públicas, webinars informativos para el mejor cuidado de sus perros o gatos, servicio a domicilio para la compra de alimento, accesorios y juguetes, servicio de estética canina a domicilio. 

Todas las propuestas que han presentado aquí se deberían considerar teniendo en cuenta el marco temporal. Es sumamente importante que todos los propietarios de Clínicas Veterinarias tomen medidas de forma temprana, adecuada y considerada para afrontar esta contingencia sin precedentes, recuperarse de ella y progresar. Si bien, no se puede esperar salir ileso de esta amenaza global, cuanto mejor preparada esté una clínica, mejor soportará los problemas asociados a esta pandemia.

Fuente: Webinar: “Gestión de Crisis: las 5 claves económicas para salvar mi clínica”, de Pere Mercader para Royal Canin y RemeVet. 19 Mayo 2020.