Aunque la hemodiálisis (HD) en medicina humana se considera una medida terapéutica estándar, en el caso de los animales con enfermedad renal grave es una opción limitada dada su escasa disponibilidad. Tradicionalmente, la diálisis intracorpórea (diálisis peritoneal) se utilizaba para tratar a los pacientes con enfermedad renal aguda grave; sin embargo, siempre y cuando sea posible, las técnicas de reemplazo renal extracorpóreas (TRRE) son preferibles, ya que los resultados son mejores y la logística es más cómoda. Al utilizarse equipos de medicina humana, el tamaño del paciente puede ser un factor limitante; pese a ello, la hemodiálisis mediante TRRE puede realizarse con éxito en medicina veterinaria.

 

El dializador (riñón artificial) es la pieza clave de la TRRE. Una vez en el dializador, la sangre y el dializado se sepa- ran por una membrana semipermeable, que permite el paso libre del agua y de moléculas pequeñas (normal- mente < 500 Da). El flujo de moléculas a través de la membrana está impulsado principalmente por dos fuerzas: la difusión y la convección.

 

  1. La transferencia de soluto por difusión se basa en el flujo de partículas de mayor a menor concentración, a través de la membrana.

 

  1. La transferencia de soluto por convección se lleva a cabo por ultrafiltración, de forma que el agua se impulsa a través de la membrana del dializador por gradiente de presión hidrostático.

 

Casos pertinentes en los que puede usarse la HD. 

En medicina veterinaria, la indicación más frecuente para la hemodiálisis es el fallo renal agudo (FRA). La causa más frecuente de FRA en perros, es la exposición a nefrotoxinas exógenas y endógenas. La HD mitiga rápidamente la hiperpotasemia y puede restaurar el equi- librio de líquidos, estabilizando así al paciente y dando tiempo a que la función renal se recupere. La HD debería iniciarse cuando las consecuencias clínicas de la uremia no pueden manejarse con tratamiento médico de forma efectiva.

 

La hemodiálisis también es eficaz para el manejo de los animales con enfermedad renal crónica (ERC) en fase ter- minal, aunque el coste y la disponibilidad limitada restrin- gen su uso. La hemodiálisis puede mejorar la azotemia y los desequilibrios de electrolitos, minerales y ácido-básicos, así como la hipertensión sistémica, que complican la ERC. 

 

La sobrehidratación, que provoca hipertensión sistémica, ascitis, edema periférico y pulmonar, efusión plural e insuficiencia cardíaca congestiva, es una complicación frecuente en pacientes con fallo renal sometidos a una fluidoterapia agresiva. La sobrecarga de volumen puede ser potencialmente mortal y no se resuelve con el tratamiento convencional de los pacientes oligúricos. La sobrehidratación es una característica constante de la enfer- medad renal en fase terminal, cuando los animales no tienen la capacidad excretora suficiente para eliminar la fluidoterapia, ya sea administrada por vía intravenosa, o subcutánea, o los suplementos de fluidos orales o el agua ingerida. La carga excesiva de fluidos se puede eliminar fácilmente gracias a la capacidad de ultrafiltración de la HD.

 

Las técnicas de diálisis son las más apropiadas para el manejo de la intoxicación aguda. Los fármacos y las sustancias químicas con características físicas que permiten el paso a través de los poros de la membrana del diali- zador y que no están vinculados a las proteínas plasmáti- cas pueden eliminarse del torrente sanguíneo de forma rápida y eficiente, con una sola sesión de HD.

 

Hoy en día la HD no solo es posible para tratamientos veterinarios, sino que además es segura, eficaz, e incluso indispensable para el manejo de animales con una azotemia potencialmente mortal. Permite establecer tratamientos que salvan la vida a pacientes con lesión renal sin otras opciones terapéuticas; sin embargo, será importante que los propietarios comprendan que la diálisis no repara los riñones dañados pero sí puede sustituir muchas de las funciones renales normales, de modo que el paciente puede tener una mejor calidad de vida. Por lo general, no es posible determinar desde el principio durante cuánto tiempo será necesaria la terapia de diálisis. 

 

En términos generales, con necrosis tubular aguda, los propietarios deben estar preparados (tanto económica como emocionalmente) para llevar a cabo 2-4 semanas de tratamiento, aunque algunos pacientes pueden recuperarse más rápidamente. La realidad es que algunos pacientes recuperan la función renal después de muchos meses de diálisis y algunos pacientes nunca se recuperan. El pronóstico y la duración de la terapia pueden variar enormemente de un paciente a otro y dependen de la etiología y del grado de fallo renal, así como del estado y comorbilidad del paciente.

Fuente:  Ilaria Lippi y Grazia Guidi, Hospital Clínico Veterinario Mario Modenato, U. de Pisa, Italia.