Cada gato tiene un temperamento distinto, que define su interacción con el entorno, las personas y los animales que lo rodean, así como el desarrollo de su propio comportamiento regular. El primer entorno donde vive un gatito puede influir en su vida emocional posterior; por ejemplo, el contacto temprano con personas tiene que ver con la tolerancia que mostrarán en el futuro hacia humanos, constituyendo un factor importante en la formación de un vínculo afectivo fuerte. 

El período sensible para la socialización de un gato tiene lugar entre la semana 2 y 7 de vida; aquellos silvestres que no han tenido contacto humano antes de las 7 semanas de vida difícilmente soportarán la interacción con una persona cuando tienen un año de edad. Conforme se presente un aumento en el número de personas que interaccionan con el gato, el estrés se reduce y la posibilidad de socialización se fortalece.

Algunos aspectos del temperamento del gato son probablemente hereditarios, mientras que otros pueden estar influidos por la experiencia temprana de vida, sea positiva o negativa. Resulta incorrecto asumir que todos los gatos se comportan de la misma manera, encasillándoles en mitos como que todos son ariscos, poco cariñosos o que necesitan poca atención. La personalidad y temperamento influyen en la respuesta de cada gato frente a un determinado cambio en su entorno, y si el cambio le generará o no ansiedad. 

Con la llegada de un nuevo gato u animal de otra especie, la visita de una persona o un ruido no familiar, algunos felinos mostrarán escasas reacciones de huida o inhibición de la conducta; otros, sin embargo, serán menos capaces de sobrellevar situaciones nuevas o poco familiares, mostrando comportamientos como tratar de escapar, esconderse o indicativos de estrés  como anorexia, exceso de acicalamiento, alteraciones del sueño, entre otros. Es a través de observación que el propietario podrá identificar un temperamento particular en el gato. 

Algunos elementos que estimulan emocionalmente a los felinos, y que podrás recomendar, son: 

  1. Colocar agua y comida en el mismo espacio y horario, alejado del arenero y que les permita comer con tranquilidad. 
  2. Dejar espacios abiertos donde pueda esconderse en caso de necesitarlo, como rincones, closets o la parte baja de los muebles. La falta de lugares apropiados para ocultarse puede contribuir a la aparición de problemas de comportamiento al exacerbar una ya de por sí tendencia innata al estrés.
  3. Colocar rascadores y torres para escalar en lugares visibles y accesibles. 
  4. Comprar juguetes que estimulen su creatividad y comportamientos naturales, como la caza.
  5. Fomentar rutinas de interacción predecibles entre el propietario y el gato, como caricias o formas de hablar, con las que pueda sentirse seguro y expresarse. 

Cada gato tiene su temperamento y personalidad, pero, para evitar periodos de estrés y ansiedad, deben respetarse las características que comparten como la necesidad de una rutina, la predicción, o tener un espacio reservado para él. Como mencionamos, la observación es fundamental para identificar cómo se encuentra el gato para que, cualquier anormalidad, se dé aviso a la Clínica Veterinaria para su atención inmediata.