En México, la preferencia por tener algún animal de compañía en casa crece todos los días, especialmente el gusto por los gatos, por considerarse “de bajo mantenimiento”. Sin embargo, los comportamientos y necesidades de un felino en realidad no son bien conocidas, provocando que se cometan errores debido a la incomprensión y falta de conocimiento, y a que su salud emocional y física puedan verse afectadas. La Clínica y el Médico Veterinario juegan un papel muy importante para educar al propietario, fomentando una cultura de revisión constante, y abriendo canales de comunicación efectivos para ofrecer toda la información necesaria. 

La ansiedad es una característica neurológica normal, que permite reacciones ante situaciones estresantes o que puedan poner en peligro la vida. Que un gato muestre cierta ansiedad no debería significar señal de alarma; el exceso de ella, entendido como una respuesta desproporcionada ante alguna situación o estímulo que el animal anticipa como peligroso o impredecible, puede significar un trastorno de comportamiento. 

La respuesta al estrés se convierte en un problema cuando el gato no es capaz de controlar la situación o de escapar de ella mediante una respuesta de comportamiento adecuada; los efectos negativos sobre su salud física y emocional se producen como consecuencia al estrés prolongado. La característica típica de un trastorno del comportamiento relacionado con la ansiedad es una reacción inadecuada al no existir un factor estresante presente o cuando no es potencialmente peligroso; es una anticipación errónea, o una estimación equivocada del peligro.

En estos animales, la ansiedad no solo comienza automáticamente cuando se enfrentan a una situación o estímulo determinados, sino que avanza poco a poco presentándose en diferentes situaciones o estímulos similares. Lo que sucede es que la respuesta al estrés no desaparece ni evoluciona, porque el comportamiento del gato no puede ni sabe reducir una amenaza que, en realidad, no existe; al contrario, la prolonga y cronifica. Cuando el estrés alcanza un punto crónico muestra otras respuestas de comportamiento inadecuadas o excesivas en un intento por calmarse, que no siempre derivan en situaciones adecuadas. Conforme pase el tiempo y la situación no se atienda, puede transformarse rápidamente en una respuesta aprendida al estrés o al estímulo que lo anuncia, empeorándose cada vez y afectando la salud del gato. 

Los gatos con trastornos ansiosos pueden presentar gran variedad de señales físicas, como postura agazapada, hipervigilancia, pupilas dilatadas, relamerse el hocico constantemente, entre otras; y en comportamiento puede notarse a través de evacuaciones constantes fuera del arenero, cambio de hábitos y de relación con los demás miembros de la casa, agresividad, decaimiento, y más. 

El estrés incontrolado crónico, derivado de problemas de ansiedad,  puede tener algunas de estas consecuencias:

  • Desarrollo de actividades de desplazamiento, como el lamido o aseo excesivo. La pérdida de pelo en secciones es una clara muestra de esto. 
  • Desarrollo de comportamientos compulsivos.
  • Fobias o reacciones exageradas ante situaciones cotidianas: dejar de usar el arenero o los juguetes, permanecer un mismo sitio sin movimiento, entre otras. 
  • Respuestas agresivas
  • Las respuestas fisiológicas prolongadas relacionadas con el estrés pueden favorecer la aparición de ciertas patologías, como la cistitis intersticial/idiopática felina.

Aunque se ha determinado una probable predisposición genética en muchos trastornos del comportamiento relacionados con la ansiedad, hasta hoy no se han identificado los genes específicos responsables. La ansiedad, dijimos, se caracteriza por anticiparse a un peligro considerado inminente, pero la naturaleza del peligro podría variar de un individuo o especie a otro; esto significa que el gato puede entender ciertas situaciones como peligrosas, sin importar si aparecen en el momento o incluso si le ocurrieron en el pasado y algo le permitió recordarlas. Esto pasa sobre todo en aquellos felinos que crecieron en la calle, en un entorno carente de estímulos durante las primeras fases del desarrollo, resultando en una mayor ansiedad cuando alcanza la edad adulta y dificultades para socializar con las personas. 

El umbral que desencadena la ansiedad varía en función de situaciones y estímulos, y de la predisposición del gato. Puede existir un único estímulo desencadenante, o varios más o menos específicos. La ansiedad también puede estar determinada por alteraciones en determinados neurotransmisores. La exposición constante a cosas particularmente atemorizantes resulta en cambios neuro-anatómicos o fisiológicos en el encéfalo, de forma que la respuesta de ansiedad se inicia “automáticamente” cada vez que el animal se enfrenta a ese estímulo particular, o cuando percibe el factor estresante.

 Algunas recomendaciones que como Médico Veterinario puedes dar al propietario, son: 

-Cuidar que el gato se habitúe al espacio, objetos, otros animales y personas con las que convive, y no modificar el entorno constantemente. Si hay necesidad de un cambio, deberá permitirse que poco a poco vuelva a conocer e identificar sus lugares seguros. 

-La falta de predicción en el entorno social provoca ansiedad. Si el gato tiene poca interacción con su propietario o con personas, o está siendo constantemente regañado y castigado, puede resultar en estrés. El propietario deberá ser consciente de esto y tomar acciones en consecuencia. 

-La falta de una rutina, como horarios fijos en los que se sirve la comida o espacios en los que sabe que tendrá compañía, son factores de estrés, igual que no contar con un espacio en donde pueda gozar de cierta intimidad. Es importante que el propietario lo tome en cuenta y pueda planear para reducir factores de ansiedad en el gato. 

-Recomienda al propietario estar atento a factores como la alimentación, vigilando el consumo en el plato de comida, o la evacuación correcta en el arenero. Además de los signos que ya comentamos, estos también pueden ser síntomas de ansiedad o de una enfermedad en progreso. 

Platicar con el propietario y abrir un canal de comunicación para que pueda expresar constantemente sus dudas estrechará la relación entre él y la Clínica Veterinaria, todo en beneficio del paciente.