Existen diferentes causas para la otitis, varias de ellas están relacionadas con la complicación o la falta de atención médica.

La otitis felina resulta de la inflamación del epitelio que recubre al conducto auditivo y al pabellón auricular, caracterizándose por una pérdida temporal de la audición, comezón, dolor, entre algunos otros síntomas. Una de las razones por las que se desarrolla está relacionada con la baja de defensas en el gato, pero también se sabe que en épocas de mucho calor o lluvia presentan condiciones ideales para que la enfermedad se manifieste. Si el gato es de reciente adopción, incluso también pudo haberse contagiado de otros gatos en el refugio en donde vivía.

Existen tres tipos de otitis identificadas:

  • Otitis externa: Es la más común, menos grave y la más fácil de tratar, aunque no debe subestimarse pues una complicación podría afectar al pabellón auricular, romper el tímpano o extender la inflamación. Afecta al oído externo.
  • Otitis media: Se produce comúnmente a partir de una otitis externa complicada o mal tratada, dándose en el área del oído medio, donde se encuentra el tímpano que estará inflamado o roto.
  • Otitis interna: La ubicamos en el oído interno, producida por traumatismo o por una otitis media o externa mal atendidas; es compleja de curar.

Existen varias causas que se atribuyen a la enfermedad; bacterias y hongos (levaduras), ectoparásitos, cuerpo extraños o traumatismos son algunas de ellas. También puede presentarse a consecuencia de otros padecimientos como la atopia y alergia alimentaria, hipersensibilidad a medicamentos y limpiadores, enfermedad inmunitaria, tumores, enfermedades metabólicas, entre otras, además de la falta de atención o mal tratamiento que una otitis externa simple pueda tener, derivando en un problema mayor.

Aunque los signos y síntomas que el gato presente pueden ser variables, aquellos que podemos mencionarle al propietario como señales a tomar en cuenta, son:

  1. Sacudidas frecuentes e inclinación constante de la cabeza.
  2. Dolor en la zona al acariciar, o quejidos y maullidos al tocarse la cabeza.
  3. Prurito de moderado a severo, con irritación y comezón.
  4. Zona de las orejas muy hinchada o enrojecida.
  5. Cambios de humor y nulas ganas de moverse.
  6. Cerumen oscuro abundante, mal olor o pérdida de pelo en las zonas afectadas por el excesivo rascado.
  7. Pérdida de audición.

Aclaremos al propietario que, ante cualquier sospecha de enfermedad, será necesario que acuda de inmediato a la Clínica Veterinaria para una revisión que determine un tratamiento, evitando todo tipo de auto-medicación. Un chequeo constante de rutina también evitará que las enfermedades se descuiden y empeoren, así que sugerimos establecer un plan de salud para el gato entre el propietario y el Médico Veterinario.