Estudios realizados demuestran que los gatos parecen tener menor sensibilidad al efecto de las proteínas sobre la saciedad.

Con el propósito de evitar la sobrealimentación, que podría conducir a la obesidad, será necesario considerar la ingestión de alimento como un comportamiento, más que como el resultado de un proceso fisiológico complejo, que no es comprendido del todo. De este modo, la ingestión de alimento puede describirse como la cantidad de energía consumida, el patrón alimenticio o el perfil de macronutrientes, y será más fácil de medir y comprender.

Un ejemplo de este enfoque son los estudios realizados sobre los patrones de alimentación en gatos. Resulta que cuando se pone a disposición del gato continuamente alimento en forma de dieta seca, de tipo comercial, se observa que los gatos hacen muchas comidas al día, con un ligero patrón de más comidas cuando hay luz de día, que en los períodos de oscuridad. Si consideramos la ingestión de alimento como un comportamiento, se puede decir que hay motivaciones únicas detrás; probablemente los animales tienen motivaciones homólogas a las experimentadas por los humanos, que los llevan a comer o dejar de comer.

El hambre se identifica como una motivación fundamental en los modelos humanos de ingestión de alimento; se define como un impulso biológico que induce a la ingestión de alimento. La intensidad del hambre varía y determina de una manera muy importante cuándo y cuánto comemos. Con la ingestión de alimento disminuye el hambre y se estimulan los procesos fisiológicos que inhiben las “ganas” de seguir deglutiendo. Si se sigue comiendo, aparece una sensación de plenitud de modo que, finalmente, se deja de comer. No se volverá a comer hasta que desaparezca esa sensación de plenitud y vuelva a aparecer el hambre. La creciente sensación de plenitud que va apareciendo durante una comida se llama “saciamiento”, que es diferente de la “saciedad”. La saciedad nos mantiene satisfechos durante un largo periodo de tiempo, mientras que el saciamiento nos provoca una satisfacción momentánea, pero al poco tiempo nos vuelve a dar hambre.

La cronología del hambre y la saciedad observada en un gato, permite especular que la sobrealimentación (aumento de la cantidad o de la frecuencia de alimento), es causada por un aumento del hambre, una disminución del saciamiento o una reducción de la saciedad. Basados en este modelo, la manera de evitar la sobrealimentación, es controlando los factores que influyen en el hambre, saciamiento y saciedad. Estos factores son: la dieta y el medio ambiente.

Las características de los alimentos y las respuestas fisiológicas a esas características interactúan y determinan la duración e intensidad de la saciedad. Esto nos lleva a que las respuestas a la alimentación se clasifican en: sensoriales, cognitivas, después de la ingestión y después de la absorción. Las características de los alimentos que sirven como estímulos, son el volumen, contenido de energía, densidad energética y la porción de macronutrientes. Será importante considerar como primer factor la grasa dietética.

Macronutrientes alimentarios



Los componentes de la dieta intervienen de manera diferente en los procesos que median el saciamiento y la saciedad. Se cree que la proteína de la dieta ocasiona un potente efecto sobre la saciedad, tiene un efecto inhibidor de la ingesta de alimento, al igual que los carbohidratos y grasas de la dieta, pero con menor potencia.
Los estudios que se han realizado demuestran que los gatos parecen tener menor sensibilidad al potente efecto de las proteínas sobre la saciedad y que no tienen una fuerte señal metabólica, para consumo óptimo de nivel de proteína. Sin embargo el tipo de proteína si interfiere en la palatabilidad del alimento.

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