En esta época, cuidar a nuestros pacientes del golpe de calor será fundamental.

El golpe de calor es una condición en la que la temperatura aumenta más de lo normal, resultante de la incapacidad del cuerpo para disipar el calor generado por el metabolismo, ejercicio, condiciones ambientales o una combinación de algunos o todos ellos. El síntoma principal es el ascenso abrupto de la temperatura mostrando generalmente signos de disfunción orgánica, ya sea neurológica o de otro sistema. Este problema puede clasificarse por su origen como clásico, por exposición a un ambiente húmedo y cálido, o por esfuerzo, asociado con una actividad física intensa; se puede encontrar una combinación de ambos, particularmente si no ha habido un proceso de aclimatación, como sucede por ejemplo con perros de trabajo al empezar estación cálida, si se desplazan a una zona con temperaturas más elevadas, o si se ha dejado encerrado al perro en un lugar expuesto al sol.

No parece haber una correlación directa entre la temperatura central del cuerpo y la severidad de los signos o el pronóstico, ni hay un valor de temperatura que permita determinar cuándo el pronóstico cambia; sin embargo, el tiempo hasta la normalización de la temperatura sí parece influir en el pronóstico, sugiriendo que periodos largos de tiempo a una temperatura no muy elevada pueden ser más perniciosos que periodos más cortos a temperaturas más elevadas.

Debido a la escasez de información acerca del golpe de calor en animales, la mayor parte de información proviene de la medicina humana y de modelos experimentales. Esta información, no obstante, debería interpretarse con precaución. El cerebro canino, por ejemplo, tiene una resistencia termal mucho mayor que el humano, lo cual puede explicar por qué en humanos los signos neurológicos suelen ser los primeros en presentarse, y por qué la incidencia de daño neurológico es mayor en humanos que en nuestros pacientes.

Cuando el golpe de calor se presenta, normalmente hay asociación con hemoconcentración severa y/o deshidratación, así como azotemia (que se produzca poca o nada de orina, a pesar de que el riñón esté funcionando) y a menudo hipoglucemia, factor de riesgo para mortalidad. El tratamiento debe incluir soporte respiratorio y/o ventilatorio (puede requerirse oxigenoterapia incluyendo intubación y ventilación), enfriamiento rápido y fluidoterapia para reemplazar las pérdidas de líquido. Deben considerarse complicaciones secundarias como coagulopatías o fallo renal.

Por la probable presencia de complicaciones hipoglucémicas, no es aconsejable suministrar sueros azucarados. Idealmente, el enfriamiento debería efectuarse por evaporación: mojando al animal con agua templada y utilizando un ventilador. El agua muy fría o hielo debe evitarse ya que producen vasoconstricción periférica con lo que la temperatura central puede aumentar. Procedimientos como los lavados gástricos fríos, el lavado peritoneal o los enemas fríos son muy laboriosos y, si bien pueden ser efectivos reduciendo la temperatura, son poco prácticos pues pueden interferir con la monitorización y aumentan el riesgo de hipotermia de rebote. Las técnicas de enfriamiento activas deben detenerse entre 39.5ºC y 40ºC para prevenir temblor e hipotermia. Dado que normalmente hay un déficit de agua muy importante, el fluido inicial de elección debe ser cristaloide.

La mortalidad en golpe de calor en pequeños animales se considera alrededor del 50%. Aunque hay muchos factores de riesgo, no hay valores específicos que determinen la causa de mortalidad; por tanto la fluidoterapia de emergencia debe instaurarse lo antes posible para cualquier paciente con golpe de calor.

Más de la mitad de las muertes parecen ocurrir durante las primera 24 horas, aunque la mayoría de pacientes que sobreviven las primeras 48 horas se recuperarán, sugiriendo que la mayoría de lesiones pueden salir adelante si el paciente sobrevive al periodo inicial.

Fuente: VetPraxis Barcelona. Sergi Serrano, Médico Veterinario.