Dado que los síntomas pueden variar, la observación y constante seguimiento de la salud del paciente por parte del Médico Veterinario son cruciales.

Por: Richard Harvey y Edward Hall

Puntos clave:
La alergia y la intolerancia alimentaria se manifiestan a través de los mismos signos clínicos. El diagnóstico se realiza mediante el protocolo de eliminación-provocación-rescate.

El tratamiento consiste en una dieta de eliminación cuidadosamente seleccionada o una dieta hidrolizada.

Introducción
La “Reacción adversa al alimento” o la “sensibilidad alimentaria” son términos amplios que implican una reacción fisiológica o signos clínicos causados por una respuesta o reacción anómala frente a una sustancia ingerida. Los síntomas pueden reflejar una respuesta inmunológica (alergia verdadera) o bien una reacción química o tóxica (intolerancia). En la gran mayoría de los casos, el Médico Veterinario es incapaz de diferenciar la etiología y, por consiguiente, se prefiere emplear el término de reacción adversa al alimento, a pesar del uso tan común de los términos alergia alimentaria o hipersensibilidad alimentaria.

En general, se considera que sólo las moléculas complejas, como las glucoproteínas grandes, pueden estimular el sistema inmune y desencadenar la respuesta alérgica.

En medicina humana se han identificado muchos de los alérgenos, como por ejemplo, los alérgenos principales de los cacahuates: Ara h.1, 2 y 3.

Por el contrario, en la Medicina Veterinaria, en muchos artículos publicados sobre casos sospechosos de alergia alimentaria, no se ha conseguido identificar el componente alimentario responsable y no se ha realizado ningún trabajo para identificar a los alérgenos a nivel molecular. Esto refleja, en gran medida, la poca importancia relativa de la enfermedad. En el hombre, la alergia alimentaria suele ser hereditaria y afecta predominantemente a los niños pequeños y jóvenes pudiendo resultar mortal. En la Medicina Veterinaria, no se reconoce un factor hereditario, no existe predisposición por edad y en la mayoría de los casos los signos son dermatológicos o grastrointestinales crónicos. Por esta razón, la gran cantidad de bibliografía que existe en el caso del hombre, no es extrapolable a la práctica veterinaria. Por ejemplo, se debe tomar en cuenta la sensibilidad al gluten en el Setter Irlandés, pero no se ha demostrado que sea un mecanismo alérgico.

Signos dermatológicos: presentación clínica típica y casos menos comunes

El prurito es el principal signo clínico en la mayoría de los casos. Puede ser moderado o intenso y sin remitir, y puede estar muy localizado o generalizado. En raras ocasiones, pueden observarse lesiones primarias como pápulas, pero en la mayoría de los casos las lesiones se producen por autotraumatismo e infección secundaria asociada.

Por tanto, puede observarse eritema, descamación, hiperpigmentación liquenificación y alopecia. La localización de cualquier lesión cutánea puede ser muy variable. La otitis externa unilateral o bilateral, incluso ausencia de otros signos cutáneos, puede ser una característica clínica en perros con reacción adversa al alimento. La pioderma superficial recurrente puede ser también una manifestación de alergia o intolerancia al alimento, aunque es poco frecuente.

El prurito, costras, excoriaciones en cabeza y cuello son los hallazgos clínicos más frecuentes de la reacción adversa al alimento en gatos. Otras manifestaciones dermatológicas en gatos son las escamas o costras localizadas o generalizadas, dermatitis miliar, alopecia en zonas simétricas o localizadas, granuloma eosinofílico, eritema del pabellón auricular y otitis externa.

Dado que los síntomas pueden variar, la observación y constante seguimiento de la salud del paciente por parte del Médico Veterinario son cruciales, así como hacer hincapié al propietario de la importancia de una alimentación controlada y del registro de síntomas y alimentación en una bitácora para identificar probables agentes alérgicos.

Fuente: Revista Focus Veterinary, “Enfermedades intestinales”. No. 19-1