El tratamiento de la colangitis felina puede ser un poco desconcertante, especialmente si no estamos seguros de cuál es la causa subyacente de la enfermedad.

La colangitis felina es una enfermedad relativamente frecuente de los gatos, y muy diferente a las enfermedades hepáticas que observamos en perros. El tratamiento puede ser un poco desconcertante, especialmente si no estamos seguros de cuál es la causa subyacente de la enfermedad.

Definición y clasificación hispatológica

El grupo de normalización hepática de la WSVA ha redefinido a la colangiohepatitis felina como colangitis felina, y la ha subclasificado en 3 tipos desde el punto de vista histopatológico:

  1. Colangistis neutrofílica (antes denominada colangitis o colangiohepatitis, supurativa o exudativa).
  2. Colangitis linfocítica, hepatitis portal linfocítica o colangitis no supurativa).
  3. Colangitis crónica asociada a trematodos hepáticos (Opisthorchiiade).

Los gatos con colangitis pueden presentar, además de la enfermedad hepática, pancreatitis y trastornos gastrointestinales simultáneos, compatibles con una triaditis.

En un estudio americano realizado en 1996 se demostró que el 80% de los gatos con hepatopatía también tenían enfermedad inflamatoria intestinal, y que el 50% tenía signos de pancreatitis. En este artículo consideramos la colangitis como una enfermedad aislada; sin embargo, el facultativo debe tener en cuenta la frecuente afección de estos dos órganos y remitirse a las publicaciones pertinentes para el tratamiento.

Se piensa que la colangitis neutrofílica surge como consecuencia de una infección ascendente del tracto gastrointestinal. Por consiguiente, quizá se asocia con más frecuencia a la pancreatitis. Es más común en gatos de mayor edad. Desde el punto de vista histológico se observan neutrófilos en la luz biliar y en el epitelio biliar.

El edema y la inflamación neutrofílica también pueden propagarse al parénquima, formando abscesos. Cuando es crónica, puede observarse un infiltrado inflamatorio mixto en zonas portales, en ocasiones fibrosis y proliferación de los conductos biliares. La enfermedad suele aparecer asociada también con estasis (y por consiguiente, ictericia) debida a la inflamación, más que a obstrucción. Los signos clínicos incluyen letargia, pirexia, anorexia e ictericia (variable). En ocasiones los gatos pueden mostrar dolor abdominal.

Los indicadores diagnósticos son valores elevados de fosfatasa alcalina, la alanintransferasa y gammaglutamiltransferasa, hiperbilirrubinemia y elevación de los ácidos biliares en el suero. Puede haber neutrofilia con desviación a la izquierda en algunos casos. La exploración ecográfica puede revelar engrosamiento de la vesícula biliar y bilis “fangosa” o espesa, pero a veces no hay cambios ecográficos con respecto a la normalidad.

En ocasiones, el hígado puede estar hipercogénico. Si hay estasis biliar, el conducto biliar puede ser prominente o estar distendido. Puede producirse a la vez colelitiasis como causa o consecuencia de la obstrucción biliar. El diagnóstico debe basarse en la aspiración de la bilis (ecoguiada) y en su cultivo. La biopsia hepática contribuirá a confirmar el diagnóstico. Suelen ser las bacterias de origen gastrointestinal las que intervienen en la colangitis neutrofílica, por ejemplo, E. coli, especies de Pseudomonas o de Enterococcus. El cultivo del tejido hepático rara vez dará resultado positivo. La piedra angular del tratamiento es la antibioterapia apropiada.

Dado que es mucho más probable que el agente infeccioso proceda del tracto gastrointestinal, lo óptimo es un buen tratamiento de amplio espectro que sea bactericida y efectivo frente a anaerobios.

Fuente: Revista Veterinary Focus, Medicina felina. No. 19, 2009.