Los casos de diarrea crónica se deben abordar paso a paso para poder llegar al diagnóstico y proponer un tratamiento específico.

La diarrea crónica es un padecimiento frecuente en medicina felina. Se define como una
enteritis de 3 a 4 semanas de duración, o diarrea recidivante. En contraste con la diarrea aguda, que suele ser auto-limitante y no requiere una exploración exhaustiva excepto en la enfermedad vírica o bacteriana u la obstrucción gastrointestinal, los casos de diarrea crónica se deben abordar paso a paso para poder llegar al diagnóstico y proponer un tratamiento específico.

Las causas más frecuentes de la diarrea crónica son los parásitos (especialmente protozoos no cubiertos por los tratamientos de desparasitación clásicos), la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el hipertiroidismo y el linfoma alimentario. Un estudio realizado indicó que la hipersensibilidad alimentaria representó alrededor del 30% de los casos. Esta enfermedad es difícil de diferenciar de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), aunque se ha demostrado que en los gatos con sensibilidad alimentaria, los signos clínicos se resuelven en dos o tres días después del cambio de dieta.

El historial de desparasitación, la clasificación del tipo de diarrea (de intestino delgado o grueso) y el historial alimentario completo son los puntos fundamentales para la anamnesis. La exploración física debe ser completa y abarcar la palpación del abdomen y la exploración minuciosa de la zona ventral del cuello para detectar la posible alteración de la glándula tiroides.

La primera etapa consiste en detectar los parásitos en heces, con una prueba de flotación fecal, y repetirse 3 veces para aumentar la sensibilidad de Giardas o Isosporas. Otras pruebas son la tinción específica y la prueba inmunológica o PCR para Tritrichomonas fetus o por Crystosporidium parvum. Los análisis de laboratorio básicos consisten en el hemograma completo y la bioquímica incluyendo la T4 total, especialmente en gatos de edad avanzada. El objetivo es descartar enfermedades metabólicas y buscar cualquier posible consecuencia de enfermedad intestinal primaria, como hipoalbuminemia, hipocolesterolemia o cualquier
alteración electrolítica.

Una vez obtenidos los resultados, si son inespecíficos, deberá descartar posibles enfermedades pancréaticas, entre ellas la insuficiencia pancreática exocrina y la pancreatitis crónica. Cuando se sospecha insuficiencia hepática, se recomienda la medición de ácidos biliares prepandriales y pospandriales. Si el resultad es anormal está indicada la biopsia hepática. Pero si después de realizar estos exámenes no se ha alcanzado un diagnóstico específico, la biopsia intestinal ayuda a diferenciar entre inflamación intestinal crónica y neoplasia intestinal.

Normalmente, además del tratamiento para la enfermedad inflamatoria intestinal, se recomienda modificar la dieta, eliminando proteínas nóveles o incluyendo una dieta muy digestible, combinada con antibióticos. En caso de no presentarse mejoría con esta combinación, se pueden utilizar los inmunodepresores, empezando con esteroides para luego asociarlos con otros fármacos o alternarlos, en caso de que los esteroides solos no funcionen.