En el tratamiento del prurito en los gatos, los errores más comunes provienen del desconocimiento de las particularidades de la farmacología o del comportamiento felino. Estos errores conducen, la mayoría de las veces, a un fracaso terapéutico o a una agravación de la dermatosis.

Algunos de los más comunes son:

1. Mala utilización de los corticoides. Cuando la corticoterapia resulta ineficaces, existen numerosas soluciones sin tener que abandonar la administración de corticoides. En primer lugar la posología de los corticoides en los gatos puede ser entre 2 y 4 veces superior a la de los perros y es ampliamente recomendable usar 4mg/kg/d o 4 mg de prednisona que recetar acetato de megestrol. Incluso se ha observado que el megestrol puede tener efectos secundarios graves como trastornos del comportamiento, diabetes mellitus, obesidad o bulimia. Los corticoides tópicos son especialmente efectivos en lesiones pruriginosas circunscritas, su tratamiento debe aplicarse a diario y en poca cantidad.

2. Tratamientos coercitivos. La aplicación de apósitos o de un collarín para evitar que el gato se rasque o se mutile deben ser siempre el último recurso ya que estos tratamientos coercitivos provocan sistemáticamente una ansiedad por desterritorialización importante que agrava el prurito. La experiencia demuestra que en caso de prurito cervical, la colocación de un pañuelo es menos traumática que la de un collarín.

3.No renovar el tratamiento. Usualmente los propietarios tienden sólo a la aplicación de un tratamiento cuando observan parásitos o cuando llega el verano. Será importante enviarles recordatorios para que no suspendan el tratamiento hasta que el Médico Veterinario dé de alta al paciente.

4. Prescripción médica. El tratamiento de un caso de prurito crónico en gatos no puede limitarse a unas inyecciones repetidas de corticoides; en el caso de un prurito muy grave se debe prescribir un tratamiento un poco más agresivo que resulte efectivo. Una corticoterapia agresiva de corta duración tiene menos efectos secundarios que la implantación de un collarín durante varias semanas.

5. Falta de información y contexto del gato. Si no se tiene en cuenta el estilo de vida del animal no se pueden prescribir correctamente los tratamientos más comunes de la dermatología felina, como: antiparasitarios (pulgas, otodectiosis,etc.,), anti-fúngicos (dermatofitos), régimen de exclusión o terapia del comportamiento. Es necesario saber las salidas, el modo de alimentación, las zonas de descanso, la actividad diurna y nocturna y la relación del gato con sus congéneres y con las personas con las que viva.

6. Antibioterapia. Los antibióticos se infrautilizan en la dermatología felina probablemente porque la piodermitis es menos frecuente. Estas lesiones erosivas, presentes sobre todo en cara y cuello pueden mejorar drásticamente mediante antibioterapia. Los que poseen una buena difusión cutánea y una actividad antiestafilocócica aprobados para gatos son la cefalexina, la amoxicilina, el ácido clavulánico y la marbofloxacina.

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