Diversos estudios sugieren que los gatos obesos son cinco veces más propensos a cojear que aquellos gatos con una condición corporal normal. Sin embargo, no todos los reportes han confirmado esta asociación.

El dolor ortopédico puede ser la razón por la cual los gatos obesos son menos propensos a acicalarse y por lo tanto es común que sufran de dermatosis.

Uno de los mayores obstáculos para confirmar tales asociaciones es el hecho de que la prevalencia de enfermedades ortopédicas es mucho más probable que no sea reconocida en esta especie, en comparación con los perros.

Esto puede ser debido a las diferencias de comportamiento entre perros y gatos; los perros comúnmente se entumecen o cojean. En contraste, los gatos normalmente descansan, por eso a veces es difícil para el dueño la pronta identificación de un problema.

Un estudio examinó la prevalencia de osteoartritis felina, en radiografías tomadas para examinar otras regiones. En este estudio había evidencia radiográfica de OA en 22% de las placas de los gatos adultos. Esto resulta particularmente preocupante a raíz de un estudio reciente en gatos con OA ya identificado, donde se encontraron signos con mayor prominencia, que dan como resultado reducciones en la habilidad de brincar y disminuyen la altura del salto. Ese estudio también demostró que el codo y la articulación coxofemoral son más comúnmente afectadas.

En resumen, lo que estos estudios han comprobado es que muchos gatos obesos cojean, y la movilidad mejora significativamente al perder peso. Entonces, al igual que con los perros, se debe buscar un plan de reducción de peso en gatos obesos que cojean.