Un estudio epidemiológico nos muestra también cómo la obesidad incrementa el riesgo de una pancreatitis hemorrágica aguda, así como profundos trastornos al metabolismo lipídico.

Los perros obesos se presentan con un incremento de concentraciones de lípidos en plasma (colesterol, triglicéridos y fosfolípidos), sin exceder los valores de referencia para estos parámetros.

Un incremento en los contenidos de ácidos grasos no esterificados y modificaciones lipoproteínicas también han sido observadas en perros obesos.

Sin embargo, las consecuencias de estas modificaciones bien conocidas en los humanos, deben todavía ser estudiadas y evaluadas en los perros.

La hipótesis de que existe una correlación en algunas formas de incontinencia urinaria, principalmente en hembras castradas, es sugerida en algunos estudios, pero aún controversial. Algunas perras se vuelven incontinentes después de volverse obesas y normalmente la pérdida de peso ayuda a resolver el problema. Pero en algunos casos, la incontinencia regresará si la perra vuelve a ganar peso.

Existe una hipótesis de que la presencia de grasa retroperitoneal puede ejercer efectos mecánicos en el sistema urinario de las perras. El hecho de que las hembras esterilizadas son dos veces más propensas a ser obesas en comparación con las hembras que no han sido esterilizadas, también debe ser considerado. Es un debate que, hasta el momento, no tiene fin.