También hay un mayor vínculo entre la frecuencia del colapso traqueal y la obesidad a pesar de la correlación con otros factores como la raza.

Un caso de estudio ha demostrado que cuando los perros logran perder peso, sus dueños inevitablemente observan cambios positivos en su conducta, pues se vuelven más alertas y juguetones.

El incremento de peso en perros se acompaña por un incremento de ritmo cardíaco, volumen del ventrículo, presión sanguínea y volumen de plasma. La correlación entre la obesidad y la hipertensión es controversial, ya que hubo un vínculo entre la edad y el incremento de la presión arterial en perros, pero no entre la obesidad y la hipertensión.

La frecuencia de enfermedades cardiovasculares se incrementa con la obesidad. Algunos estudios clínicos reportan enfermedades que incluyen la trombosis de la vena porta, hipoxia del miocardio y endocarditis valvular. Los efectos cardiovasculares descritos anteriormente también son significativos para los nefrólogos.

¿Puede la hipertensión llevar a modificaciones en las funciones renales?

Un estudio clínico ha demostrado que los perros sobrealimentados durante seis meses con una dieta alta en grasa animal, terminan con ganancia de peso, acompañado por un incremento en el peso de los riñones, incrementos en la presión arterial, índice de filtración glomerular, flujo de sangre renal y varias lesiones renales histológicas. Además, las lesiones y las anomalías observadas podían ser más severas cuando la obesidad es prolongada.